Cada día, en mis intervenciones en las organizaciones observo como el estilo de liderazgo está experimentando una gran transformación y como en esta evolución, la inteligencia emocional ha emergido de manera evidente, volviéndose esencial en el kit de habilidades del líder. La empatía y la autorregulación, como dos pilares de la inteligencia emocional, están cada vez, sin duda, desempeñando un papel más importante en la efectividad del rol directivo.

Por su lado, la empatía, la capacidad de comprender los sentimientos de los demás, es una habilidad crucial en el liderazgo. Los líderes con alta inteligencia emocional pueden conectarse de manera más profunda con su equipo, construyendo relaciones sólidas y fomentando un ambiente de trabajo colaborativo.

Una CEO de una empresa tecnológica, me trasladaba hace unos días como había cambiado la relación con su equipo y había mejorado el resultado a la hora de encontrar soluciones innovadoras, desde que se paraba a empatizar más con ellos, dedicando tiempo a comprender y a reconocer las necesidades individuales de su equipo. Con ello, me decía, sentía que había afianzado la confianza del equipo y que las personas se sentían más seguras; con lo que arriesgaban más y mejoraban en su contribución y desempeño.

Por otro lado, la autorregulación, la capacidad de gestionar las emociones propias y mantener la calma bajo presión, también es esencial en roles directivos. Los líderes que pueden gestionar eficazmente sus emociones son capaces de tomar mejores decisiones y liderar con mayor resiliencia en situaciones desafiantes.

En relación a esto, un aprendizaje fundamental que varios de mis clientes de coaching ejecutivo resaltan durante el transcurso de sus procesos, es el impacto positivo que tiene tanto a nivel personal como en la organización a largo plazo su autorregulación en situaciones desafiantes en las que tienen que mantener la calma y no pasar el estrés hacia abajo o en situaciones de incertidumbre en las que tienen que abordar decisiones estratégicas complicadas.

Este dominio de la competencia de la autorregulación no solo les fortalece a ellos y a sus equipos, sino que también contribuye significativamente a crear una cultura empresarial con un determinado estilo de liderazgo mucho más efectivo. La capacidad de comprender y gestionar las emociones crea un entorno donde los empleados se sienten más valorados y motivados, lo que lleva a un rendimiento sostenible y a un compromiso duradero.

El liderazgo y la inteligencia emocional están cada vez más vinculados en organizaciones que atraen y retienen el talento y que despuntan en el mercado de manera sostenible.

Cada vez más, la evidencia nos dice que los líderes que incorporan las habilidades de la empatía y la autorregulación no solo logran un éxito individual, sino que también contribuyen a la creación de culturas organizacionales positivas y orientadas al rendimiento a largo plazo.

A medida que las organizaciones reconocen el valor de estas habilidades, el futuro del liderazgo se presenta prometedor, influyendo positivamente en la forma en que abordamos los desafíos empresariales y construimos equipos fuertes y cohesionados.

 

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Rosa Cañamero
Coach Ejecutivo MCC & Consultora de Transformación Cultural

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