Desarrollar la disciplina es una habilidad crucial si queremos alcanzar el éxito en cualquier ámbito, y alcanzar metas ambiciosas en el plano personal o el profesional. La autodisciplina se puede aprender y entrenar, no es algo genético como piensan muchas personas. La autodisciplina, y su herramienta clave, los hábitos, posee la característica de la transversalidad, en el sentido de que es necesaria para dominar cualquier otra habilidad o conseguir cualquier objetivo (hablar en público con confianza, aprender un nuevo idioma, escuchar mejor a los demás, dominar una nueva herramienta informática, dejar de fumar, etc.).

Por otro lado, sabemos que cuando conseguimos convertir una acción o conducta en un hábito de forma sólida, es porque nuestro cerebro ha automatizado la conducta o acción gracias a repetirla una y otra vez, de modo que ya no tiene que emplear energía en realizarla, ya no cuesta esfuerzo ni pereza ni miedo porque el hábito está automatizado en el inconsciente. De esa forma podemos plantearnos nuevos retos mientras nos beneficiamos cada día del hábito integrado.

Hay determinados hábitos que, según numerosos estudios, son altamente beneficiosos, como mover más nuestro cuerpo en el trabajo, hacer deporte aeróbico y anaeróbico de forma equilibrada, reducir drásticamente los azúcares y grasas procesadas de nuestra alimentación, dormir entre 7-8 horas diarias, meditar todos los días o dedicar más tiempo de nuestra agenda a las actividades que realmente aportan valor en nuestro trabajo (las importantes y no urgentes). Dichos hábitos tienen un efecto clave en nuestro rendimiento profesional, y más concretamente en estar más focalizados,  tomar mejores decisiones, sentirnos más motivados, tener más energía diaria y ser mejores líderes.

En el libro Chief Wellbeing Officer, los autores Steven MacGregor y Rory Simpson destacan de la importancia de desarrollar nuestra disciplina a través de hábitos positivos que voluntariamente decidamos incorporar para mejorar la calidad de nuestra vida o nuestra eficiencia profesional. Para lograr estos importantes beneficios, los autores plantean 7 claves que empiezan por la letra S, con el fin de que sea más fácil memorizarlas.

  1. Small: La clave son los hábitos diarios, y hacer cambios pequeños. El escritor americano John C. Maxwell dijo que para cambiar las cosas importantes de nuestra vida, necesitamos aprender a cambiar cosas que hacemos a diario. Céntrate en lo pequeño, en lo diario. Tiene dos grandes ventajas: que es más fácil al ser cambios pequeños, y en segundo lugar, que estás mejorando la calidad de tu día sin esperar a mañana, el fin de semana o dentro de 3 meses. Obviamente, integrar un hábito semanal es también fabuloso. Usa también la mentalidad de los cambios pequeños, y ves incrementando poco a poco la ambición. Si quieres leer más sobre esta estrategia de origen japonés llamada kaizen, pincha en este post.
  2. Specific: las acciones a convertir en hábitos deben ser específicas. Para eso nos puede servir de gran ayuda usar herramientas como el modelo MARTE de definición de objetivos. MARTE es un acrónimo que significa que un objetivo debe ser Medible, Alcanzable, Retador, Tiempo (con una fecha de inicio, plazos, y fecha final) y Específico. Así que define con mucha concreción la acción que deseas convertir en hábito, si es posible usando indicadores numéricos para que sea más fácil medir el nivel de cumplimiento.
  3. Supported: Es muy útil buscar anclajes, recordatorios o desencadenantes que te ayuden a no olvidarte de realizar la acción diaria o semanal. Quizá conectar una rutina que ya tienes con una nueva que quieres incorporar puede resultarte muy práctico. Todos tenemos ya rutinas diarias, así que se trata de realizar el nuevo hábito justo antes o justo después de la rutina ya establecida. Pero hay otras formas de recordarnos realizar la acción o conducta que queremos integrar como hábito. Investiga y prueba con distintos apoyos o recordatorios. De hecho, quizá no sirve el mismo para todo tipo de hábitos.
  4. Shared: Se trata de compartir el hábito con familia, amigos, jefe, etc. Es lo que se llama el compromiso público, cuya eficacia está demostrada. Al decirle a una persona cercana que vamos a ir al gimnasio todos los días o que vamos a ir a clase de inglés una vez a la semana estamos utilizando conscientemente la fuerza de la presión positiva. Nadie quiere quedar mal con los demás, así que el comprometerse en público con alguien cercano es un truco altamente eficaz.
  5. Streak: marcar o registrar la cantidad de días o semanas que llevas haciendo algo te da fortaleza cuando tienes un día débil o fallas un día. Se trata de que te hagas una tabla sencilla en un word o excel, y vayas poniendo un OK cada día que lo cumplas. Yo he usado varias veces la agenda de mi ordenador para registrar el cumplimiento de algunos hábitos semanales que he incorporado, y me ha resultado tremendamente útil para motivarme, al ver que iba acumulando semanas y semanas cumpliendo el objetivo. La estrategia de registrar los avances está relacionada con la pauta crítica de que para generar un hábito automático e inconsciente, nuestro cerebro necesita que repitamos la acción muchas veces. La mayoría de las teorías y estudios psicológicos hablan de que es necesario repetir la acción entre 21 y 28 días consecutivos para que se convierta en un hábito. Yo te puedo decir que estoy de acuerdo en base a mi propia experiencia personal tras haber incorporado cientos de hábitos en mi vida personal y profesional durante los últimos catorce años.
  6. Surroundings: la importancia del entorno físico en el que quieras trabajar el hábito positivo es crucial, por si facilita o está obstaculizando el hábito. Es más eficaz el entorno personal (tu casa) porque tienes más control sobre las interrupciones o imprevistos, y es más efectivo generar un hábito por la mañana, en primer lugar porque estamos normalmente más despejados y despiertos, y en segundo lugar porque tenemos más energía física y mental. Muchas veces queremos convertir en hábito acciones difíciles, duras, que nos dan pereza o miedo. Así que si los afrontamos en el entorno más fácil y que nos ayude más, y en el momento donde estamos más fuertes, será más fácil que lo logremos.
  7. Social: Rodearte o apoyarte de personas de tu entorno que te ayuden y te apoyen en el hábito es la séptima S. Dentro de este apartado son válidas algunas ideas como apuntarte a un club o a una clase regular de la actividad que quieras integrar a diario o semanalmente, hacer un grupo de deporte, pasar más tiempo con personas afines al hábito, etc. Se trata de que todo a tu alrededor apoye. Y aíslate, aunque sea en el momento en que estás realizando la acción, de personas que puedan frenarte o sabotear tu plan. A veces los tenemos muy cerca. Busca un sitio donde puedas trabajar tu hábito tranquilo, sin esas posibles interrupciones.

Los autores de Chief Wellbeing Officer explican que, según sus estudios, es necesario utilizar como mínimo 3 de estas estrategias para tener éxito en integrar un hábito positivo. Sin embargo, cuantas más “S” usemos de las 7s, más probabilidades tendremos de lograrlo de manera más sostenible y sólida, ya que tendremos más riqueza de recursos y más flexibilidad si se presenta algún obstáculo.

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Javier Carril
Socio de Execoach
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