Acabo de venir de una reunión en una asociación de empresarios en Madrid, donde se estudiaba un proyecto para ofrecer coaching a sus asociados emprendedores. Y el organizador de la reunión, que es el responsable de atención al emprendedor en la asociación, ha comentado algo inquietante: los emprendedores no quieren reconocer que les va mal, y además son muy reticentes a pedir ayuda, porque consideran que eso significa mostrarse débiles y posiblemente mostrar que no tienen madera de empresarios. El problema es que si no reconoces que tienes problemas en tu empresa, y además no pides ayuda profesional, todavía te va a ir mucho peor. 

Otro dato inquietante: han detectado que en estos momentos, el 80% de los emprendedores que montan una empresa cierra a los dos años por imposibilidad de mantener el negocio. Hay muchísimo por hacer en España, desde fomentar el espíritu emprendedor en los niños y en los universitarios, hasta formar adecuadamente a los actuales emprendedores, que están teniendo enormes dificultades para mantener a flote su proyecto empresarial.

El coaching es una de las vías más poderosas para apoyar al emprendedor, no sólo en sus inicios sino también en las etapas de consolidación y crecimiento. El coach ofrece una perspectiva objetiva al empresario, le ayuda a salirse de su círculo cerrado para poder ver con mayor claridad sus propias limitaciones y fortalezas. También le hace consciente de cuales son los problemas esenciales de su forma de dirigir la empresa (empresario-orquesta, falta de formación, miedos e inseguridades) y le ayuda a superarlos.

Hoy, más que nunca, los empresarios necesitan coaching. Es un error la tendencia a evitar el coste de un coach, porque el coste de no contratarlo puede ser muchísimo mayor: la desaparición de tu proyecto, con lo que eso conlleva de frustración y sensación de fracaso.

Javier Carril
Socio de Execoach