Durante años, ascender en una organización significaba alejarse progresivamente del trabajo operativo. Cuanto más arriba llegaba un profesional, menos ejecutaba y más coordinaba. La lógica era sencilla: los equipos hacían el trabajo y los managers dirigían a quienes lo hacían.

Ese modelo está entrando en una fase de transformación acelerada.

La inteligencia artificial no solo está cambiando cómo trabajan los analistas, ingenieros, comerciales o responsables de marketing. También está cambiando profundamente lo que significa ser líder. Y hay un grupo que empieza a sentir la presión con especial intensidad: los mandos intermedios cuyo valor se basa principalmente en supervisar, coordinar y transmitir información.

La pregunta que muchas organizaciones están empezando a hacerse no es si necesitan líderes. La pregunta es si necesitan tantos líderes cuya principal función sea gestionar el trabajo de otros. Y la respuesta, en muchos casos, parece ser no.

El puesto con más riesgo no es el que muchos imaginan

Cuando se habla del impacto de la inteligencia artificial en el empleo, la conversación suele centrarse en programadores, diseñadores, redactores o analistas.Sin embargo, algunas de las señales más interesantes están apareciendo en otro lugar.

Las empresas tecnológicas más avanzadas del mundo están reduciendo capas jerárquicas y exigiendo a sus managers que vuelvan a convertirse en contribuyentes activos.

Brian Armstrong, CEO de Coinbase, anunció recientemente una reducción de plantilla del 14% y explicó que la compañía ya no contempla la figura del «gerente puro». Según su visión, cada líder debe aportar valor directamente además de dirigir equipos.

Jack Dorsey, fundador de Block, ha impulsado el concepto de los llamados «player-coaches», líderes que entrenan al equipo mientras participan activamente en la ejecución. Meta, Atlassian y Snap también han expresado públicamente visiones similares. Lo interesante no es la anécdota. Lo importante es la tendencia que hay detrás. Las organizaciones más avanzadas tecnológicamente están enviando un mensaje muy claro: liderar ya no basta. También hay que contribuir.

Cuando la información deja de ser poder

Durante décadas, gran parte del valor de un manager provenía de algo muy concreto: el acceso privilegiado a la información.

Los responsables de equipo sabían más cosas que sus colaboradores. Tenían acceso a más datos, más contexto, más decisiones estratégicas y más capacidad de influencia. La inteligencia artificial está erosionando rápidamente esa ventaja.

Hoy cualquier profesional puede analizar documentos complejos, resumir informes extensos, generar hipótesis, crear presentaciones, identificar tendencias y obtener recomendaciones utilizando herramientas de IA generativa.

Cuando la información deja de ser poder, el liderazgo vuelve a ser una cuestión profundamente humana.

Lo que antes requería reuniones, aprobaciones y varios niveles de supervisión puede resolverse en minutos.

Josh Bersin, uno de los analistas de recursos humanos más reconocidos de Estados Unidos, resume este fenómeno de forma muy gráfica: cada empleado empieza a tener acceso a un agente de inteligencia artificial que, en determinadas áreas, puede disponer de más conocimiento técnico que su propio responsable.

Eso no significa que los managers desaparezcan. Significa que deben encontrar nuevas formas de aportar valor.

El nacimiento del megamanager

Una de las consecuencias más visibles de esta transformación es la aparición de un nuevo perfil directivo. Algunos analistas ya lo llaman el «megamanager».

Un estudio de Gallup publicado en enero de 2026 reveló que el número medio de colaboradores por manager aumentó de 10,9 personas en 2024 a 12,1 en 2025. El mismo informe mostraba además que el 97% de los managers afirmaba estar realizando trabajo individual fuera de sus responsabilidades de liderazgo.

La fotografía es muy clara. Los líderes tienen más personas a su cargo. Tienen menos capas de apoyo. Y además siguen produciendo. La consecuencia inmediata es que la gestión tradicional basada en la supervisión constante empieza a resultar inviable.

Los managers ya no pueden estar presentes en cada decisión, revisar cada detalle ni controlar cada proceso. Simplemente no hay tiempo suficiente. Por eso las organizaciones están desplazándose hacia modelos donde la autonomía deja de ser una opción y se convierte en una necesidad.

El liderazgo entra en el gimnasio

Hay una diferencia importante entre tener un cargo y aportar valor. Durante mucho tiempo, algunas organizaciones confundieron ambas cosas. Se asumía que la promoción a una posición directiva implicaba automáticamente una contribución superior. Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial está obligando a examinar esa creencia con bastante más rigor.

Si una herramienta puede generar informes automáticamente, ¿qué aporta el responsable que dedicaba gran parte de su tiempo a consolidarlos?

Si un agente de IA puede coordinar tareas rutinarias, ¿qué valor genera quien se limitaba a supervisar esas tareas?

Si los miembros del equipo pueden acceder directamente al conocimiento, ¿qué papel desempeña quien actuaba principalmente como intermediario?

La inteligencia artificial no está eliminando a los líderes. Está eliminando las razones equivocadas para ser líder.

Son preguntas incómodas. Pero son preguntas que muchas empresas están empezando a formular.Y aquí aparece una realidad que a menudo olvidamos: el liderazgo auténtico nunca consistió en controlar información. Consistía en desarrollar personas.

Lo que la inteligencia artificial no puede sustituir

Cada revolución tecnológica elimina determinadas actividades y aumenta el valor de otras.

En este caso, las capacidades que más se revalorizan son profundamente humanas.

  • La capacidad de generar confianza.
  • La habilidad para gestionar conflictos.
  • La inteligencia emocional.
  • La influencia.
  • La construcción de cultura.
  • La toma de decisiones en entornos ambiguos.
  • La capacidad de movilizar energía colectiva alrededor de una visión.

Resulta interesante observar que precisamente estas son las competencias que históricamente han diferenciado a los mejores líderes de los simplemente correctos.La inteligencia artificial puede sugerir una estrategia, pero no puede inspirar a un equipo para ejecutarla. Puede detectar riesgos, pero no puede construir relaciones de confianza. Puede identificar patrones., pero no puede crear compromiso. Al menos no de la manera en que lo hace una persona.

El gran error que muchos managers están cometiendo

Hay una reacción bastante habitual cuando aparece una nueva tecnología. Muchos directivos están abordando la inteligencia artificial como una amenaza que deben contener en lugar de una herramienta que deben integrar. Ese enfoque suele generar exactamente el resultado contrario al que buscan. Los profesionales más valiosos no están intentando competir con la IA.Están aprendiendo a amplificar su impacto gracias a ella.

El manager del futuro no será quien controle más trabajo, sino quien multiplique mejor el talento de su equipo

Utilizan herramientas de inteligencia artificial para eliminar trabajo administrativo, acelerar análisis, generar ideas más rápidamente y dedicar más tiempo a aquello que realmente requiere criterio humano. La diferencia es enorme. Mientras unos intentan conservar su puesto, otros están reinventando su contribución y las organizaciones lo están notando.

El reto invisible: la identidad del líder

La transformación no es únicamente tecnológica, sino que es psicológica.

Muchos directivos han construido su identidad profesional alrededor de la idea de ser quienes tienen las respuestas. Han sido promovidos precisamente por su experiencia, su conocimiento y su capacidad para resolver problemas. Ahora se encuentran en un escenario diferente ya que los equipos esperan menos respuestas y más contexto.Menos supervisión y más autonomía. Menos control y más capacidad para facilitar el rendimiento colectivo.

Para algunos líderes esta transición resulta natural. Para otros supone una auténtica crisis de identidad. Porque abandonar el papel de experto puede resultar mucho más difícil que aprender una nueva herramienta tecnológica.

El coaching ejecutivo cobra más relevancia que nunca

En este contexto, el coaching ejecutivo está adquiriendo una importancia estratégica. No porque enseñe a utilizar inteligencia artificial, sino porque ayuda a los líderes a adaptarse al cambio más complejo de todos: el cambio personal.

La tecnología puede aprenderse relativamente rápido. Modificar creencias, hábitos y patrones de comportamiento es bastante más difícil.

Un líder que ha construido toda su carrera alrededor del control necesita desarrollar nuevas capacidades.

  • Necesita aprender a delegar de forma diferente.
  • Necesita generar confianza en entornos más autónomos.
  • Necesita sentirse cómodo sin tener siempre todas las respuestas.
  • Y necesita descubrir cómo seguir aportando valor cuando gran parte de las tareas que antes justificaban su posición ya pueden realizarse de otra manera.
El líder que prosperará en los próximos años

Si observamos a los directivos que están destacando en esta nueva etapa, aparece un patrón bastante consistente. Son líderes que entienden la tecnología, pero no dependen de ella para definir su valor. Son personas capaces de ejecutar y de liderar, aprenden rápido, mantienen la curiosidad, desarrollan a otros y entienden que la autoridad ya no procede únicamente del cargo.

La inteligencia artificial seguirá avanzando. Los organigramas seguirán simplificándose. Los equipos serán cada vez más ágiles. Y probablemente veremos menos managers que en el pasado. Pero eso no significa que vaya a haber menos liderazgo. Significa que el liderazgo tendrá que ser mucho mejor. Porque en una época donde casi cualquiera puede acceder al conocimiento, la verdadera ventaja competitiva ya no consiste en saber más. Consiste en ayudar a que las personas den lo mejor de sí mismas.

Ponte en contacto con nosotros si quieres ayudar a tus mandos a evolucionar desde la supervisión hacia un liderazgo que combine ejecución, criterio y desarrollo del talento.

 

Ángel Martínez Marcos
Coach Ejecutivo & Consultor de Transformación Cultural
www.amartinez.net
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