A menudo mis clientes de coaching identifican como uno de sus principales objetivos la necesidad de cambiar algún aspecto de sus vidas. Sin embargo, también expresan su frustración por haber asistido a muchos cursos en los que han recibido una extensa formación sin haber obtenido ningún resultado después. Quizá los primeros días me comentan hago algo diferente; pero rápidamente vuelvo a la rutina de siempre y me encuentro con la misma sensación de no poder hacer frente a los cambios introducidos.

El principal escollo con el que nos encontramos a la hora de cambiar cualquier aspecto de nuestra vida somos nosotros mismos.  De nada nos sirve saber teóricamente cómo hacerlo si nos falla la voluntad para llevarlo a cabo. Desde mi punto de vista, la sociedad actual ha evolucionado en muchos aspectos respecto a la de nuestros padres o abuelos; sin embargo, en otros muchos, en especial en el relativo a la fortaleza de la voluntad, ha retrocedido. En muchas ocasiones sentimos que hemos perdido la fuerza que tenían ellos para luchar, para terminar siempre lo que empezaban o para no ser caprichosos. En ciertos casos nos hemos convertido en una sociedad muy permisiva, sin referentes positivos. Y esto nos convierte en personas vulnerables que, ante las dificultades, no son capaces de utilizar la voluntad necesaria para superarlas.

Las personas que consiguen el éxito en la vida (entendiendo por éxito, conseguir aquello que se proponen y que depende de ellos) son aquéllas que tienen una voluntad de hierro, una voluntad que les permite romper la inercia de sus hábitos y ponerse en marcha con perseverancia hasta lograr sus objetivos.

Fortalecer la voluntad implica educarnos para hacer aquello que, a la larga, será mejor para nosotros: en términos de coaching, llevar a cabo aquello que nos conduce a los objetivos que nos hemos marcado, en lugar de aquello que nos apetece momentáneamente. Así nos convertimos en personas verdaderamente libres, porque nos movemos sin dejarnos coaccionar por estímulos externos o por dependencias internas que nos distraen del camino que hemos decidido seguir.

Pero fortalecer la voluntad no es tarea fácil y supone un reto que superar cada día. Sin duda para conseguirlo es necesario, al menos, apoyarnos en estas cuatro patas que sostienen la sólida mesa llamada voluntad.

1.     Tener objetivos bien definidos: de forma específica, realista y con una fecha para alcanzarlos.  Esto nos ayudará a motivarnos y a mantener la autoridad sobre nosotros mismos para no abandonar el camino trazado.  Cuanto más nos ilusione nuestro objetivo más fuerte será nuestra voluntad para alcanzarlo.

2.     Establecer hábitos. La voluntad  necesita un aprendizaje gradual, que se consigue con la repetición de actos en donde uno lucha, cae y vuelve a empezar. Al repetir el mismo comportamiento una y otra vez conseguiremos convertirlo en un hábito positivo. Al principio puede costarnos mucho trabajo vencer la inercia; pero, a la larga, cuando consigamos hacerlo, saldremos reforzados.

3.    Marcarse pequeños pasos para andar el camino. Lo importante es dar pequeños pasos a medida que caminamos hacia delante: ir andando poco a poco y no con grandes zancadas. Al principio será más costoso; pero a medida que avanzamos será cada vez más fácil.

4.     No compararse con otros.  Fijarnos demasiado en lo que hacen los demás y desear lo que otros poseen puede apartarnos de nuestro camino, hacernos sentir insatisfechos y conseguir que nos desmotivemos para lograr nuestro objetivo.

A medida que se fortalece la voluntad se desarrolla más nuestra autoridad interna. De esta forma no nos dejaremos llevar ni por el estímulo inmediato ni por las opiniones de los demás.  El dominio personal es uno de los retos más extraordinarios que nos elevan por encima de las circunstancias.  Uno no hace lo que le apetece, ni escoge lo más fácil y llevadero, sino que se dirige hacia lo mejor y lo que más le conviene.

En palabras de Enrique Rojas en su espléndido libro “La conquista de la voluntad”, un indicador de la madurez de la personalidad de un individuo es el grado de fortaleza de su voluntad.

 

     Rosa Cañamero
     Coach Ejecutivo  & Socia directora – Execoach